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Saber comunicar: más que hablar, es conectar.

Nos comunicamos todo el tiempo. Con palabras, con gestos, con miradas, con silencios. A veces creemos que comunicarnos es simplemente “decir lo que pensamos”, pero en realidad es mucho más que eso: es la forma en que nos relacionamos con los demás.

Aprender a comunicarnos mejor puede cambiar nuestras relaciones, tanto en casa como en el trabajo y con amigos.

No es solo lo que dices, sino cómo lo dices.


La comunicación verbal incluye las palabras, pero también el tono de voz y la intención. Un mismo mensaje puede sentirse muy diferente dependiendo de cómo lo digamos.

No es igual decir:

  • “¿Qué quieres?” que

  • “¿Qué necesitas?”

Pequeños cambios hacen grandes diferencias.

Tres hábitos simples que mejoran cualquier conversación

1. Buenos modales Decir “por favor” y “gracias” no es formalidad anticuada. Es reconocer al otro. Es decir: te veo, te respeto.

2. Dar cumplidos sinceros. Reconocer algo bueno en alguien fortalece el vínculo. A todos nos gusta sentirnos valorados.

3. Saber pedir perdón Decir “lo siento” puede ser difícil, pero también es liberador. Las disculpas sinceras reparan y bajan la tensión.

Escuchar también es comunicar

A veces pensamos que escuchar es simplemente guardar silencio. Pero escuchar de verdad implica:

  • Mirar a la persona.

  • No interrumpir.

  • No estar preparando nuestra respuesta mientras el otro habla.

  • Hacer preguntas para entender mejor.

Cuando alguien se siente escuchado, se siente importante.

Lo que tu cuerpo dice (aunque tú no hables).

Nuestro cuerpo habla todo el tiempo.

  • Una sonrisa abre puertas.

  • Brazos cruzados pueden cerrar la conversación.

  • Evitar la mirada puede mostrar incomodidad.

  • Moverse con nerviosismo puede reflejar tensión.

Muchas veces el mensaje más fuerte no está en las palabras, sino en la actitud.


La buena noticia: se puede aprender

Nadie nace sabiendo comunicarse perfectamente. Es algo que se aprende y se practica.

Pequeños cambios generan grandes resultados:

  • Mirar a los ojos.

  • Bajar el tono cuando estamos molestos.

  • Preguntar en vez de asumir.

  • Elegir palabras que construyan, no que lastimen.


Para pensar…
Para pensar…

Para pensar…

Las buenas palabras no cuestan nada, pero pueden cambiar un día, una relación o incluso una historia completa.

Comunicar mejor no es ganar discusiones. Es cuidar los vínculos.

 
 
 

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